| Historia
y contenido del Santuario de Loyola.
San Ignacio nació en 1491, murió en 1556,
fue beatificado en 1609 y canonizado en 1622. Pero sólo
59 años después de la canonización
de San Ignacio, en 1681, los jesuitas recibieron la propiedad
de la Casa Torre en que su fundador y padre había
nacido y se había convertido a Dios. El traspaso
lo realizaron los Marqueses de Alcañizas y de Oropesa
de Indias, quienes, como Señores de Loyola y titulares
de su Mayorazgo Real, eran en aquel momento los poseedores
de aquella casa solar. El traspaso se hizo a través
de Doña Mariana de Austria,
Reina madre de Carlos II, el
último de los Austrias, que se convirtieron así
en los Reyes Fundadores del Santuario.
En su patio central, una bella lápida
conmemora este traspaso.
De acuerdo con la sensibilidad de la época que
había encerrado en grandes templos las
tumbas de los Apóstoles,
la Porciúncula de Asís y la
Santa Casa de Loreto,
se decidió engastar la reliquia
que era la Casa Torre, considerada ya como la Santa Casa,
dentro de un gran relicario.
Para su edificación, el Padre General el P. General
de la Compañía, Juan Pablo Oliva (1664-1681)
encargó el proyecto al arquitecto italiano Carlo
Fontana (1634-1714), discípulo de Bernini.
Fallecido en 1681 el Padre Oliva, su sucesor, el P. Carlos
de Noyelle (1682-1686), remitió el proyecto a Loyola
con orden de ejecutarlo al pié de la letra.
El gran edificio diseñado por Fontana
y hoy realizado, presenta una fachada de 150 metros de anchura.
En su centro hay un gran templo circular, cubierto por una
cúpula asentada sobre un tambor y rematada por una
linterna. A sus lados se extienden dos grandes alas, y se
prolonga por detrás con un cuerpo central. Las tres
plantas que se superponen en este conjunto están
dominadas por cuatro áticos, dos por cada ala. Esta
maciza estructura, cuya estética depende del equilibrio
de los volúmenes, del reparto de los huecos, y de
la calidad y los tonos del mármol gris o rosado con
que esta realizada, estaba interiormente aligerada en el
proyecto original por cinco grandes patios interiores.
Sobre el plano, este conjunto, hoy realizado con algunas
modificaciones, se presenta como una gigantesca águila
de piedra, en la que la reliquia que es la Santa Casa está
engastada y como cobijada entre el templo circular y el
ala sur. Hemos dedicado ya un amplio espacio para presentar
el exterior y las cuatro plantas de la Santa Casa, ese núcleo
esencial del Santuario de Loyola.
Al otro lado del templo circular, un espacio simétrico
con respecto a la Santa Casa está reservado a los
herederos del Señorío y mayorazgo real de
Loyola.
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