El Tercer Piso estaba destinado a la habitación de los hijos de la familia (Iñigo era el último de trece, entre hermanos y hermanas) y los huéspedes. Una tradición nunca interrumpida nos ha conservado la noticia de que Íñigo, cuando vino de Pamplona gravemente herido, fue aposentado en la habitación situada en el ángulo nordeste de este piso.
Por ello, aquí se encuentra el corazón de la Santa Casa.
Tercer piso :
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Acceso a las cuatro plantas de la Santa Casa
  Planta baja
Primer piso
  Segundo piso
 
  Tercer piso
 
     
 
Espacio reservado a la oración de los fieles en la Capilla de la Conversión.

 
 

La capilla de la Conversión tiene ante sí un gran espacio reservado para la oración de los fieles, para la asistencia a la Eucaristía, para el silencio y la meditación. Los jesuitas y los fieles la escogen para circunstancias solemnes: primeras Misas, bodas, votos religiosos, jubileos... En ella muchos hacen las meditaciones y contemplaciones más importantes de los Ejercicios Espirituales. Porque en ella se tiene la sensación real de hallarse ante el espacio sagrado de la Conversión a Dios.

 
     
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La capilla de la Conversión
 
 
Iñigo lee y se entrega a Dios
 
 
 

La Capilla de la Conversión

Al fondo, el dosel que cubre la estatua sedente de madera policromada es probablemente el dosel del lecho de Iñigo. Las vigas del techo son las que él contemplaba. Los muros son los mismos que dieron cobijo a sus sueños y a sus vigilias, los mudos testigos de lo que le fue pasando por fuera y por dentro. Las ventanas son aquellas por las que se asomaba de noche a mirar el cielo y las estrellas "lo cual – nos cuenta él mismo - hacía muchas veces y por mucho espacio, porque con ello sentía en sí un muy grande esfuerzo para servir a Dios nuestro Señor". (Autobiografía, 11).

Esta es la habitación en la que Iñigo fue operado repetidas veces y en la que estuvo a punto de morir; aquella en la que, ya convaleciente, entretenía sus ocios con sueños centrados en una dama imposible... Hasta que, para distraerse, pidió que le trajesen Libros de caballería. Pero los libros que había en la casa eran otros: unas Vidas de Santos y una Vida de Cristo.

Aquellas lecturas fueron abriendo ante Iñigo como un nuevo mundo. Porque empezó a preguntarse si no podría hacer también él las cosas que habían hecho los Santos. Más aún, su voluntad se inclinaba a realizarlas.

Poco a poco, lo que había empezado casi como un torneo consigo mismo, se fue convirtiendo en algo nuevo y distinto: inesperadamente, en esta habitación de convaleciente, Dios va enamorando a Iñigo, e Iñigo se va enamorando de Dios. Más aún: Iñigo se entrega a Dios:

AQUI SE ENTREGO A DIOS IÑIGO DE LOYOLA.

Y, como para sellar esa entrega, recibe aquí mismo una visitación de la Virgen, que borró de su alma los resabios de su mala vida pasada.

Enamorado de Dios y seducido por Jesucristo, Iñigo concibe un proyecto de vida en el que resaltan dos elementos:
- imitando a los Santos
hará penitencia, no mirando ya tanto a satisfacer por sus pecados, sino a agradar y placer a Dios.
- y, para buscar a Cristo,
peregrinará a Tierra Santa, probablemente con el propósito de permanecer allí el resto de su vida.

Todo esto fue pasando entre junio de 1521 y febrero de 1522 en este ambiente, convertido para siempre en
Capilla de la Conversión.