Este primer piso de la Casa Torre, encerrado entre los recios muros de piedra de la vieja fortaleza, estaba dedicado a la cocina y a las habitaciones de la servidumbre.
Primer piso :  
Acceso a las cuatro plantas de la Santa Casa
  Planta baja
Primer piso
  Segundo piso
 
  Tercer piso
 
El grafito de una nave
 
 
Las armas de Don Juan Velázquez de Cuéllar
 
 
Pamplona en 1521
 
 
La espada de Iñigo ofrecida a la Virgen de Montserrat
 
 

Un recorrido de la cocina (Véase en Visita virtual su panorámica) nos muestra el amplio fogón, una profunda alacena-fregadero, el escaño, la ventana dotada de boca de fuego, una pequeña despensa excavada en la profundidad del muro...

La cocina de la infancia de Iñigo. En la vieja cocina de la Casa Torre, amos y criados convivían en torno al fuego del hogar. Aquí se contaban las viejas historias del linaje. Aquí se iba trasmitiendo la cultura familiar:
- la fe cristiana;
- la fidelidad a la palabra dada y a la lealtad jurada;
- el sentimiento del honor;
- la importancia del valor personal;
- el estilo de vida y de presentarse;
- la vocación caballeresca de defender a los débiles...

> Explicación de la cultura familiar colectiva

Ángulo suroeste. El grafito de una nave pintado sobre el flanco de una ventana del ángulo suroeste recuerda la vocación itinerante y marítima de los Oñaz y Loyola, familia de la que irán saliendo un Capitán de nao de la Armada, un colonizador de América, soldados que lucharon en los campos de Europa, un párroco de Azpeitia...

Escudo de Velázquez. Sobre un pilar de madera aparece el escudo de la familia Velázquez de Cuéllar. Porque también Iñigo viajará por mar y tierra; y su primer destino será la villa castellana de Arévalo (Ávila). En esta villa pasará 11 años en el ambiente exquisitamente cortesano de la casa del Contador Mayor de Hacienda de Castilla, Don Juan Velázquez de Cuellar, verdadero Ministro del Tesoro del Reino, formándose como administrador y como guerrero. Hasta que en 1516 Don Juan Velázquez caerá en desgracia del nuevo rey, Carlos I de España, futuro Emperador Carlos V, y morirá en 1517.
Entonces Iñigo, para relanzar su carrera de gentilhombre, se trasladará a la Corte del Virrey de Navarra, Duque de Nájera, presentado por la viuda de Don Juan Velázquez.

Estancias de la servidumbre. En ellas, diversos objetos nos ayudan a seguir evocando el pasado caballeresco de Iñigo, lo que pasó inmediatamente antes e inmediatamente después de su conversión a Dios.

Una maqueta, que representa a Pamplona en 1521, y las páginas de dos procesos contra Miguel de Herrera y Esteban de Zuasti, en los que Iñigo es citado como testigo de descargo, evocan la presencia de Iñigo en Navarra y la defensa que hizo en 1521 del Castillo de Pamplona en favor del ya Emperador Carlos V, contra un ejército, enviado por Francisco I de Francia, para restablecer la dinastía Navarra, destronada en 1512.

La maqueta de Pamplona pone de manifiesto la naturaleza de plaza fuerte que tenía la ciudad en 1521, la perfecta continuidad de las murallas medievales sin otras interrupciones que los torreones defensivos y las puertas fortificadas. En el centro de la parte superior de la maqueta aparece el Palacio de San Pedro, que era la residencia del Virrey de quien Íñigo de Loyola era gentilhombre de Corte. En la parte inferior destaca la Fortaleza Mayor de Santiago, en cuya defensa Íñigo López de Loyola fue gravemente herido en ambas piernas por una pelota de bombarda el 20 de mayo de 1521. De esta herida partirá de hecho el proceso de su conversión. Rendido el Castillo, Iñigo fue trasladado en andas por sus compañeros a su casa natal de Loyola.

La Virgen de Montserrat y una copia de la espada de Iñigo evocan su primera etapa de caballero convertido, cuando en Montserrat cumplirá el gesto simbólico de abandonar su espada, y de velar su sayo de penitente y su bordón de peregrino con la calabacita, como las nuevas armas de Cristo.
Porque, como el mismo Íñigo explica, habiendo sido asiduo lector de Libros de Caballerías, “tenía el entendimiento lleno de aquellas cosas, de Amadís de Gaula y de semejantes libros”, y para expresar su conversión sólo disponía del lenguaje de la caballería.