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Un recorrido de la cocina (Véase en Visita
virtual su panorámica) nos muestra el amplio
fogón, una profunda alacena-fregadero, el escaño,
la ventana dotada de boca de fuego, una pequeña despensa
excavada en la profundidad del muro...
La cocina de la infancia de Iñigo.
En la vieja cocina de la Casa Torre, amos y criados convivían
en torno al fuego del hogar. Aquí se contaban las
viejas historias del linaje. Aquí se iba trasmitiendo
la cultura familiar:
- la fe cristiana;
- la fidelidad a la palabra dada y a la lealtad jurada;
- el sentimiento del honor;
- la importancia del valor personal;
- el estilo de vida y de presentarse;
- la vocación caballeresca de defender a los débiles...
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Explicación de la cultura familiar colectiva
Ángulo suroeste.
El grafito de una nave pintado sobre el flanco de
una ventana del ángulo suroeste recuerda la vocación
itinerante y marítima de los Oñaz y Loyola,
familia de la que irán saliendo un Capitán
de nao de la Armada, un colonizador de América, soldados
que lucharon en los campos de Europa, un párroco
de Azpeitia...
Escudo de Velázquez.
Sobre un pilar de madera aparece el escudo de la
familia Velázquez de Cuéllar. Porque
también Iñigo viajará por mar y tierra;
y su primer destino será la villa castellana de Arévalo
(Ávila). En esta villa pasará 11 años
en el ambiente exquisitamente cortesano de la casa del Contador
Mayor de Hacienda de Castilla, Don Juan Velázquez
de Cuellar, verdadero Ministro del Tesoro del Reino, formándose
como administrador y como guerrero. Hasta que en 1516 Don
Juan Velázquez caerá en desgracia del nuevo
rey, Carlos I de España, futuro Emperador Carlos
V, y morirá en 1517.
Entonces Iñigo, para relanzar su carrera de gentilhombre,
se trasladará a la Corte del Virrey de Navarra, Duque
de Nájera, presentado por la viuda de Don Juan Velázquez.
Estancias de la servidumbre.
En ellas, diversos objetos nos ayudan a seguir evocando
el pasado caballeresco de Iñigo, lo que pasó
inmediatamente antes e inmediatamente después de
su conversión a Dios.
Una maqueta, que representa
a Pamplona en 1521, y las páginas
de dos procesos contra Miguel
de Herrera y Esteban de Zuasti,
en los que Iñigo es citado como testigo de descargo,
evocan la presencia de Iñigo en Navarra y la defensa
que hizo en 1521 del Castillo de Pamplona en favor del ya
Emperador Carlos V, contra un ejército, enviado por
Francisco I de Francia, para restablecer la dinastía
Navarra, destronada en 1512.
La maqueta de Pamplona pone
de manifiesto la naturaleza de plaza fuerte que tenía
la ciudad en 1521, la perfecta continuidad de las murallas
medievales sin otras interrupciones que los torreones defensivos
y las puertas fortificadas. En el centro de la parte superior
de la maqueta aparece el Palacio de San Pedro, que era la
residencia del Virrey de quien Íñigo de Loyola
era gentilhombre de Corte. En la parte inferior destaca
la Fortaleza Mayor de Santiago, en cuya defensa Íñigo
López de Loyola fue gravemente herido en ambas piernas
por una pelota de bombarda el 20 de mayo de 1521. De esta
herida partirá de hecho el proceso de su conversión.
Rendido el Castillo, Iñigo fue trasladado en andas
por sus compañeros a su casa natal de Loyola.
La Virgen de Montserrat y una
copia de la espada de Iñigo
evocan su primera etapa de caballero convertido, cuando
en Montserrat cumplirá el gesto simbólico
de abandonar su espada, y de velar su sayo de penitente
y su bordón de peregrino con la calabacita, como
las nuevas armas de Cristo.
Porque, como el mismo Íñigo explica, habiendo
sido asiduo lector de Libros de Caballerías, “tenía
el entendimiento lleno de aquellas cosas, de Amadís
de Gaula y de semejantes libros”, y para expresar
su conversión sólo disponía del lenguaje
de la caballería.
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