Aquí conviene dejarse seducir por el ambiente, y para ello lo mejor es empezar por hacer una Visita virtual del mismo por medio de su panorámica. La Planta Baja nos recuerda que estamos en una fortaleza proyectada para guerrear y vender cara la vida.  
Planta baja :  
Acceso a las cuatro plantas de la Santa Casa
  Planta baja
Primer piso
  Segundo piso
 
  Tercer piso
 
Reparto de los bandos en el País Vasco
 
 
El Desafio de Azcoitia
 
 
Muros y troneras de la planta baja
 

La época medieval y feudal de Loyola. Esta planta baja, con sus muros de casi dos metros de espesor, con sus siete troneras ante una de las cuales está emplazada una vieja bombarda, con sus cuatro recios pilares centrales de madera calzados en piedra, con su rudo pavimento de losas y guijarros, nos evoca la época medieval y feudal de la familia de Oñaz y Loyola, un linaje del que conocemos, a partir del siglo XIII, las 9 generaciones anteriores a la de Iñigo.

El mapa de los bandos. Nos muestra el reparto sobre el territorio guipuzcoano de los señores feudales, llamados "parientes mayores", ásperamente divididos entre el siglo XIII y el XV en Oñacinos (bando al que pertenecía la familia de Oñaz y Loyola) y Gamboínos (así llamados por la familia de Gamboa).

El cuadro del desafío de Azcoitia, en 1456, evoca un episodio de la pugna entre los nobles y las villas. Los nobles clavan en la puerta de Azcoitia el desafío a la Hermandad de las villas de dirimir por las armas sus diferencias. Enrique IV de Castilla da la razón a las villas y en 1457 destierra a diversos nobles a la frontera con los moros, entre ellos al abuelo de Iñigo. Amnistiado en 1460, tendrá que desmantelar las defensas de la Casa Torre y convertirla en palacio.
Con esta conversión de las Torres guerreras de Guipúzcoa en palacios está acabando en esta tierra la Edad Media feudal y está empezando la Edad Moderna, comunal y monárquica, en que se integrarán los Loyola.

Evolución de la Planta Baja. A partir de la reconstrucción de 1460, la Casa Torre ya no tuvo carácter militar sino palaciego, pero ello no quiere decir que a partir de esa época la familia de Oñaz y Loyola hubiese abandonado su carácter guerrero.

El padre de Iñigo, Don Beltrán Ibáñez de Loyola, participó activamente en la política de Castilla. A partir del año 1474 tomó parte en la guerra civil castellana de la Beltraneja, luchando en Toro, Burgos y Fuenterrabía para sostener a Isabel la Católica. Diez años más tarde, a partir de 1484, Beltrán de Loyola, acompañado ya por algunos de sus hijos, luchó en la guerra de Granada que en 1492 pondría fin a la reconquista. Como se ve, el padre de Iñigo ya no desafiaba, como su abuelo, a la corona. En él, el feudalismo medieval se había integrado ya en el nuevo estado monárquico y cortesano.

En tiempos de Iñigo la fortaleza había sido desmantelada, las troneras cegadas y retirada la artillería. Esta planta baja, nacida guerrera, servía de almacén de aperos, de bodega, etc., como evocan la cuba de sidra y los arcones que hallamos en ella.

Pero esta planta baja de la vieja fortaleza, estos muros, que silenciosamente trasmiten toda una concepción del ideal personal y social, una perentoria idea de cómo hay que vivir y también de cómo se puede morir, tuvieron sin duda un influjo decisivo sobre la cultura primordial, sobre el espíritu caballeresco y guerrero de Iñigo López de Loyola.