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El esbelto
tambor está iluminado por ocho grandes ventanales,
flanqueados por floreros labrados en la piedra, y separados
por pilastras adosadas adornadas con relieves dorados de
los instrumentos litúrgicos. VR2
El diámetro interno de la cúpula es de 20
metros, y su altura interna sobre el pavimento de la iglesia
alcanza 50 metros. Se trata de una bóveda doble,
casi perfectamente esférica: una interior, de piedra
arenisca, y otra exterior, de caliza, con una separación
entre ambas de casi 50 cm. Añadiendo esta separación
y la altura de la gran linterna, que corona a la cúpula,
ésta alcanza en la cruz de remate la altura de 65
metros.
En lo alto del tambor hay un nuevo balcón corrido
de hierro forjado, En los arranques de los nervios de la
cúpula aparecen las estatuas alegóricas de
las ocho virtudes, diseñadas en 1732 por el estatuario
francés Juan de Lane y modeladas en estuco
por el escultor italiano Gaetano Pace
en el período 1734-1738. Son, empezando por la que
lleva en sus manos la Eucaristía y en sentido retrógrado,
las virtudes Fe, Caridad,
Esperanza, Religión,
Templanza, Justicia,
Prudencia, y Fortaleza.
Los ocho gajos de la media naranja de la cúpula están
labrados (otra singularidad de la iglesia de Loyola) con
vistosos escudos policromados, las armas de los
Reyes de España, de
los Austrias (con águilas)
y de los Borbones (con leones
tenantes y las tres flores de lis en el escusón central).
Sobre la cúpula se alza una amplia linterna iluminada
por ventanales y rematada con un florón.
La cúpula externa fue restaurada y reforzada con
cables de acero en el período 1992-1994. La cúpula
interna ha sido objeto de cuidadosa restauración,
iniciada el 13 de diciembre de 2000 e inaugurada el 19 de
julio de 2002. La necesidad de estas restauraciones tiene
su origen, como veremos, en la historia de la construcción
del templo.
Ya hemos dicho que el primitivo proyecto de esta iglesia
de planta circular (como el de todo el Colegio) fue diseñado
por el arquitecto italiano Carlo Fontana
(1634-1714), discípulo de Gian Lorenzo Bernini, por
encargo del Padre General Juan Pablo de Oliva (1664-1681),
y enviado a Loyola por su sucesor, el Padre General Carlos
de Noyelle (1682-1686). La primera piedra del Colegio de
Loyola y de su iglesia fue colocada el 28 de marzo de 1689.
Más tarde, Martín de
Zaldúa, que fue el Maestro de obras de Loyola
desde 1693 hasta su interrupción en 1704, fue encargado
de reelaborar, entre los años 1696 y 1700, el diseño
de la iglesia de Carlo Fontana. Fontana preveía un
espacioso circulo central, bajo una cúpula, rodeado
de capillas radiales, separadas por robustas pilastras ciegas
que contendrían el empuje de la ambiciosa cúpula.
Zaldúa, abriendo la comunicación entre las
dichas capillas radiales, creó una auténtica
nave anular continua, que es el aspecto más original
de la arquitectura de este templo. Esta nave anular está
comunicada con el espacio central por 8 arcos abocinados
desiguales, cuatro grandes y cuatro más pequeños.
Tal vez algunos de los problemas que después ha presentado
la estática de la cúpula, y que han obligado
a su refuerzo y restauración, proceden de esta audaz
modificación.
La Guerra de Sucesión española
(1701-1714), con la que comenzó el siglo XVIII,
causada por la sustitución en el trono de España
de la Casa de Austria por la Casa de Borbón, provocó
una interrupción de las obras de Loyola y de su iglesia
entre los años 1704 y 1717. Reanudadas las obras
en 1717, tuvieron a partir de 1719 como nuevo Maestro a
Sebastián de Lecuna.
Lecuna tuvo que afrontar el problema de los arcos de comunicación
del espacio central del templo con la nave anular, arcos
abocinados sobre los que tenían que apoyar el recio
tambor (de casi dos metros y medio de espesor) y la pesada
cúpula; eran el punto más débil de
la reestructuración del proyecto llevada a cabo por
Martín de Zaldúa, consistente en la trasformación
de las meras capillas radiales del proyecto de Fontana en
una auténtica nave circular. Para afrontar este problema
fue consultado el célebre arquitecto
Joaquín de Churriguera (1674-1724), que visitó
Loyola en 1720. De esta familia Churriguera, de origen catalán,
en la que hubo tallistas y arquitectos, procede el nombre
del llamado estilo churrigueresco, como forma exuberante
del barroco español. En Loyola son buena muestra
de este estilo el pórtico de la Basílica,
toda la exuberante decoración interior del templo,
y en particular el Altar Mayor del mismo.
En 1733, cuando la cúpula estaba ya casi cerrada,
muere el maestro Sebastián de Lecuna. La cerrará
del todo y la completará con la linterna el nuevo
Maestro de Obras, Ignacio de Ibero. Pero después
de colocar en 1734 la esfera de cobre que remata la linterna,
y en 1735 la cruz situada encima de ella, Ignacio de Ibero
tuvo que señalar que "la
cúpula había hecho algún vicio",
es decir, había hecho un movimiento de asentamiento,
por lo que hubo que reforzarla en su base ciñéndola
con dos aros o "zunchos" de hierro.
Terminadas la decoración, las puertas, etc., el colegio
y la Iglesia fueron inaugurados en 1738, exactamente cincuenta
años después del comienzo de las obras. La
solemne consagración del templo y de sus altares
no tendrá lugar hasta 1888-89.
Recientemente, como ya hemos dicho, en el período
1992-1994, la estática de la cúpula, que seguía
manifestando problemas, fue ulteriormente reforzada mediante
cables de acero que la ciñen exteriormente y un nuevo
aro de acero en su base. Y durante los años 2000-2002
el interior del tambor y la cúpula interna han sido
objeto de una cuidadosa restauración en la que se
obturaron sus grietas.
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